sábado, 19 de noviembre de 2011

Las Desventuras Fiscales del Rey Salomón


Por: Walter Puelles Navarrete

La idea de que el destino de los pueblos debe ser confiado a una autoridad es muy antigua. Desde antaño, muchos pueblos han entregado el manejo de sus destinos a emperadores y reyes que ejercían funciones “por mandato divino”. Desde aquellos tiempos hasta nuestra era, mucha agua ha corrido bajo el puente, como muchos los países que sucumbieron al encanto de la divinidad, y desde ella al estatismo.

La Biblia (Samuel, Cap. 8) cuenta que el pueblo de Israel fue un buen día a solicitarle a Samuel la elección de un “rey” que impartiera “justicia” . Samuel había sido un buen juez mientras gozó de fuerzas, pero cuando los años le llegaron, legó el negocio a sus hijos, quienes lejos de seguir su obra pervirtieron el derecho. Con la llegada de un rey (que marcaba el fin de los Jueces), el arbitraje privado abrió paso a la justicia pública.

Ciertamente, el remedio fue peor que la enfermedad. No obstante. Nótese que el poder que el pueblo estaba dispuesto a entregar al rey era limitado. No querían un rey todopoderoso que les brindase educación, salud, vivienda y alimentación como hoy. Únicamente justicia y seguridad. Pero la historia siempre empieza así: un gobierno que poco a poco se desborda hasta desmesurarse.

He aquí la actual realidad de la mayoría de naciones del mundo, especialmente de las llamadas “desarrolladas”, que ostentan déficits fiscales abultadísimos como resultado del crecimiento desmesurado del gasto y de las funciones encargadas al Estado. Sectores improductivos que viven a costa de los productivos, hasta que estos últimos se revelen y terminen migrando sus inversiones a destinos fiscalmente menos asfixiantes.

La Sabiduría del Rey Salomón

Salomón fue uno de los reyes más importantes de Israel. Su nombre es hasta hoy sinónimo de sabiduría y buen gobierno. Fueron 40 años que permaneció en el poder. Según la Biblia, Salomón fue el encargado de cumplir el mandato divino que Dios confió a su padre el rey David. Dios dijo a David: “tu hijo a quien yo pondré en lugar tuyo, edificará una casa a mi nombre” (1 Reyes, Cap. 5, versículo 5). Y así se inició la construcción de la Casa de Dios.

No obstante, Salomón enfrentaba un problema: no tenía recursos. Se necesitaba un presupuesto extraordinario. Pero él era sabio e ideó un programa basado en: i) levas ii) endeudamiento público y iii) mayores impuestos. Las levas, que eran un servicio obligatorio, aumentaban la disponibilidad de mano de obra, el endeudamiento permitiría pagar a futuro el consumo presente y los impuestos fortalecerían el gasto público.

Salomón se agenció así de los recursos necesarios y al poco tiempo culminó el templo. Una casa de piedra, madera y oro. Lo curioso es que junto al templo Salomón construyó sus propias casas, matando así dos pájaros de un tiro. Había realizado el sueño de su padre y el suyo. En dicha casa Salomón recibió a reinas de todas partes del mundo. El Rey “ … tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas …” (1 Reyes: 11, 3).

El Endeudamiento Externo

El cedro, el ciprés y el oro empleado en la construcción de los templos y las casas fueron importados de Tiro, ciudad libanesa ubicada a 21 kilómetros de Israel. Hiram, rey de Tiro, había ofrecido a Salomón tales recursos a cambio de veinte mil coros de trigo y aceite por año, más, 20 ciudades de Galilea. Hiram quedó conforme con el ofrecimiento y cumplió cabalmente los encargos.

Años después, llegada la fecha de pago, Hiram fue a ver las ciudades ganadas. La sorpresa fue tan grande como decepcionante: “¿Qué ciudades son éstas?”, exclamó Hiram, quien bautizó el lugar como “las tierras de Kabul”, que significa “nada” o “bueno para nada”. Aquí cabe solo dos cosas: o Salomón carecía de la imaginación suficiente para corresponder a las pretensiones del financista, o simplemente fue una monumental estafa.

La Desazón de los Impuestos

En la historia tributaria las emergencias son eternas. Lo que nace como temporal se perenniza. Cuando Salomón falleció le sucedió su hijo Roboam, a quien el pueblo visitó para solicitar que, habiendo culminado las obras públicas iniciadas por Salomón, era necesario reducir los impuestos: “Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso y te serviremos” (1 de Reyes: 12, 4).

Y Roboam respondió: “Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes,  yo os castigaré con escorpiones” (1 de Reyes: 12, 14). Esto motivó la rebelión de Israel que apedreó y mató a Adoram, el jefe de la tributación, algo así como el jefe de la SUNAT peruana, la AFIP argentina, el SII chileno o la IRS de los EE.UU. Así, Israel se apartó de la casa de David que pasó a gobernar únicamente la tribu de Judá.

La política estatista quebró al sector productivo israelí. Tal situación no dista mucho de la actual. Existen impuestos a las ventas, a la renta, a las transacciones, etc. El individuo trabaja más para el Estado que para sí. Ello fue advertido por Samuel: “Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará vuestros hijos y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo para que corra delante de sus carros; y nombrará para sí jefe de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá a que aren sus campos, sieguen sus mieses y fabriquen armas de guerra… asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y los dará a sus siervos” (Samuel: 8, 11 – 15).

(*) Este artículo fue publicado inicialmente en la Revista Electrónica Acrata en julio del año 2010. En octubre de 2011 este artículo fue reeditado para su publicación en Facebook.

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